COMISIÓN DE PREPARACIÓN ESPIRITUAL

PARA LA BEATIFICACIÓN DE MONSEÑOR ROMERO

El Vaticano corrige a la iglesia salvadoreña y rescata el martirio de Romero en la ceremonia de beatificación

El Vaticano rescató el martirio por odio a la fe de Romero y habló de su apostolado incómodo para la oligarquía de hace más de 35 años. Recordó además a los religiosos perseguidos y asesinados en El Salvador y anunció la apertura del proceso de beatificación para monseñor Arturo Rivera y Damas, heredero del legado de socorro jurídico para los pobres impulsado por Romero.  
Monseñor Óscar Arnulfo Romero fue declarado beato por el Vaticano el sábado 23 de mayo en una ceremonia llena de mensajes reivindicativos para el martirio por odio a la fe de Romero, para la iglesia de los pobres y para los religiosos y religiosas que, como Romero, fueron perseguidos y asesinados hace más de 35 años. Ante una multitudinaria congregación (alrededor de 300 mil personas en las calles aledañas al monumento al Divino Salvador del Mundo de la capital, San Salvador), el Vaticano habló a tres voces para destacar que el apostolado que llevó a Romero hasta el martirio respondía a la visión y misión de la defensa de la nueva Iglesia adoptada desde el Concilio Vaticano II, finalizado en 1965; y la Conferencia Episcopal Latinoamericana de Medellín, Colombia, celebrada en 1968. El Vaticano, además, rescató el verdadero martirio de Romero, diluido en los últimos meses por una iglesia católica salvadoreña que prefirió hablar de un “Romero mártir por amor”, cuando el decreto impulsado por la Congregación de la Causa de los Santos y aprobado por el Papa Francisco el 5 de febrero de 2015 señala que Romero es “mártir por odio a la fe”. O en otras palabras, que Romero fue asesinado por defender a una iglesia de y para los pobres, con un papel activo en la defensa y la promoción de sus derechos humanos, exigiendo la igualdad en lo económico, social, político y cultural. En la ceremonia de beatificación, hablaron sobre Romero y esa iglesia el postulador de la causa de Romero ante el Vaticano, el cardenal Vincenzo Paglia; el prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, Angelo Amato; y hasta el mismo Papa Francisco envió un mensaje en el que exaltó la lucha y el sacrificio de todos los religiosos que como Romero han ofrendado su vida para liberar a los pobres de la represión. En los discursos fueron evidentes los tonos y las intenciones del Vaticano, completamente distantes a los tibios discursos de la Iglesia católica salvadoreña, que se mantuvo firme en su planteamiento de un Romero de amor, pero que desde los meses previos a su beatificación, y sobre todo durante los últimos 19 años, ha minimizado el mensaje que llevó a Romero al martirio. En la ceremonia de Beatificación, el cardenal Vincenzo Paglia incluso anunció la apertura del proceso de beatificación de monseñor Arturo Rivera y Damas, arzobispo de San Salvador entre 1980 y 1994 y heredero del legado de Romero del socorro jurídico para los pobres. Golpeó duro el Vaticano a la iglesia salvadoreña este sábado 23 de mayo, una iglesia que tras la muerte de Rivera y Damas en 1994 apostó por una relación más cordial con el poder político y económico, incluso minando territorios ganados por la iglesia heredada desde monseñor Chávez y González (fundador de las comunidades eclesiales de base e impulsor de las organizaciones campesinas), Romero (que impulsó la iglesia de los pobres hasta su martirio, pero además denunció la profundas desigualdades y creó la figura del socorro jurídico del Arzobispado como institución de denuncia contra la opresión pero también de procuración de justicia) y Rivera y Damas (que recogió el legado de Romero, convirtiendo ese socorro jurídico en la Oficina de Tutela Legal del Arzobispado, que acompañó a los oprimidos y violentados durante 10 de los 12 años que duró la guerra civil). Llegados al 2015, a la ceremonia de beatificación, resulta curioso que la organización de la beatificación de Romero fue dirigida por una institución que poco se parece a la imagen que proyecta el legado del arzobispo mártir. Desde 1994, bajo el liderazgo de monseñor Fernando Saénz Lacalle (Opus Dei), la Iglesia salvadoreña poco a poco disminuyó la presencia férrea de la bandera de la defensa de los pobres entre sus estandartes. Por ejemplo, Sáenz Lacalle llegó a presionar a los responsables de Tutela Legal del Arzobispado para que le bajaran el tono a sus alegatos en las instancias internacionales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en aquellas causas que la Iglesia promovía contra el Estado salvadoreño. Una de estas causas es la investigación del asesinato de Romero. En octubre de 2007, Lacalle incluso despidió de Tutela Legal al abogado de la causa de Romero-el actual procurador de Derechos Humanos, David Morales-, luego de que este planteara ante la Comisión Interamericana que sospechaba de un acuerdo entre la Iglesia y el Estado salvadoreño para el caso que estaba fuera de las recomendaciones de la CIDH.  A Sáenz Lacalle lo sustituyó monseñor José Luis Escobar Alas, un sacerdote conservador quien fue duramente cuestionado en 2013 por cerrar Tutela Legal del Arzobispado, argumentando que sus objetivos de procuración de justicia y de socorro jurídico por las violaciones a los derechos humanos ya no tenían razón de ser. Más reciente, Escobar Alas fue cuestionado por sectores de la Iglesia que denunciaron un “maquillaje” de la figura de Romero para minimizar su lucha contra la opresión, las desigualdades y su denuncia contra los abusos del Estado salvadoreño, que para el trienio de 1977-1980 estaba militarizado y al servicio de la oligarquía salvadoreña. Esta Iglesia de Escobar Alas también fue cuestionada por etiquetar como "Pobres, Campesinos" a 1,400 invitados especiales al acto de beatificación, y por entregar los derechos de transmisión del evento a la Telecorporación Salvadoreña Salvadoreña, el principal emporio televisivo del país. A través de la señal de TCS, hace 35 años, el mayor Roberto d'Aubuisson, autor intelectual del magnicidio del Arzobispo según la Comisión de la Verdad de las Naciones Unidas, aparecía en televisión señalando de "comunistas" a lideres sindicales, gremiales, religiosos y opositores políticos. En aquella época, se asumía que ser nombrado en esas listas era un aviso de que los escuadrones de la muerte ya estaban tras la pista de los aludidos y tenían firmada su sentencia de muerte. Este sábado 23 de mayo, si bien no fue a través de las frecuencias legalmente adjudicadas a TCS que se transmitió la ceremonia, sí fueron los equipos de la Telecorporación los que registraron la ceremonia, difundida a través de la señal de TVCo39, una frecuencia "donada" por la familia Esersky a la Iglesia católica, segun el arzobispo Escobar Alas. Lo curioso del caso es que en realidad esa frecuencia no le pertenecía a la familia Esersky, al menos no de manera legal, sino a un extraño abogado que realizó una serie de transacciones en las que aparecen relacionados los Esersky y TCS.  Un mensaje para los "hermanos divididos" En primera fila, el acto de beatificación de monseñor Romero fue también un nuevo reencuentro de las dos fuerzas políticas del país frente a la figura del salvadoreño más universal de todos los tiempos, en medio de un llamado de atención del Vaticano que al parecer no termina de calar entre los dos espectros más influyentes de la política salvadoreña. Y el llamado es sencillo: Romero es de la Iglesia, actuó por el pueblo y no para favorecer intereses políticos. En primera fila, este sábado, ese mensaje llegó a oídos de funcionarios de gobierno y líderes del partido FMLN; pero también a líderes empresariales y líderes del partido de derechas, ARENA, que se atrevieron a pisar un territorio en el que en otros tiempos hubiese sido imposible siquiera imaginarlos. Al acto asistió además Roberto d’Aubuisson, hijo del fundador del partido ARENA (homónimo), acusado por la Comisión de la Verdad de las Naciones Unidas de ser el autor intelectual del magnicidio. El hoy alcalde de Santa Tecla acudió al evento portando en la cabeza un sombrero con el rostro de Romero estampado a un costado. A la salida del evento, d’Aubuisson se llevó de recuerdo gritos e improperios de aquellos que consideraron el gesto como una ofensa. El hijo del mayor Roberto d’Aubuisson siempre ha respondido que contra su padre no hay ninguna prueba que lo vincule al crimen, pero este sábado respondió al periódico Diario 1 que acudió a la ceremonia para “precisamente buscar la reconciliación con los salvadoreños…Y no tengo que avergonzarme de nada que él haya hecho”. En los alrededores de la plaza también circularon militantes del FMLN, identificados porque vestían camisetas con estampados del partido y del rostro de Romero. En las últimas dos décadas, pero sobre todo desde el primer quinquenio del FMLN en el poder, el partido de la exguerrilla ha visto como una necesidad casi propagandística zurcirse en las solapas la cara de Romero. El Arzobispo, que convirtió el púlpito en una denuncia constante contra la represión, la oligarquía y la milicia que violentaba al pueblo, también criticó con especial dureza las acciones de la naciente guerrilla, a la que incluso reprendía por buscar la solución a las injusticias de El Salvador por la vía violenta de las armas. Fue curioso el encuentro de la vieja izquierda salvadoreña con la vieja derecha salvadoreña, que hoy llegó al acto a presentar sus respetos, pero que en el pasado incluso envió, desde los gobiernos de ARENA, representantes diplomáticos ante la Santa Sede con el objetivo de frenar el proceso de beatificación iniciado en 1997, y que ha culminado este 23 de mayo. "Romero dio toda su defensa por los pobres y los ama, de acuerdo a los mandamientos de Medellín y de Puebla. Él llegó a hacer también denuncia por lo que pasaba en el país. Lo acusaban de hacer política, y él respondía que lo que buscaba no era hacer política, sino iluminar con la luz del evangelio a la política del país en un periodo bastante oscuro”, dijo Vincenzo Paglia, quizá refiriéndose a estos protagonistas ubicados en las primeras filas de invitados. El Vaticano, a través del cardenal Angelo Amato, también reconoció ese distanciamiento. “Sus palabras no eran una promoción del odio y la venganza, sino una valiente exhortación de un padre a sus hijos divididos”, dijo. Con un país que todavía se divide entre quienes atacan a Romero acusándolo de comunista, y quienes quieren bañar la figura de Romero en banderas políticas, el Vaticano dice que en Romero "su opción por los pobres no era ideológica sino evangélica", añadió Amato, quien agregó que Romero defendió al pueblo "oprimido y despreciado". En una pequeña cronología de la vida pastoral de Romero, este cardenal explicó cómo se respondió el Vaticano la pregunta sobre “¿Quién era Romero?”. Según Amato, el asesinato del sacerdote jesuita Rutilio Grande y los dos campesinos que le acompañaban, ocurrido en Aguilares, en marzo de 1977, provocó un punto de quiebre en el camino del arzobispo. “Un cambio en su vida de pastor manso y casi tímido fue el asesinato del padre Rutilio grande, sacerdote jesuita salvadoreño, que había dejado la enseñanza universitaria para ser párroco de los campesinos oprimidos y marginados. Fue este el evento que toco el corazón del arzobispo Romero, quien llora a su sacerdote como podría hacerlo una madre con su propio hijo. Él se dirigió a Aguilares y pasó la noche velando, llorando y rezando por las tres víctimas inocentes: el padre y los dos campesinos que lo acompañaban”, dijo Amato. “Los campesinos estaban ahora huérfanos de su padre bueno, y Romero quiso tomar su puesto”, añadió el cardenal, quien señaló además que tras el asesinato del padre Grande, "su lenguaje se volvió más explícito en defender al pueblo oprimido, los sacerdotes perseguidos”, dijo. Entre las cualidades que el Vaticano destaca en Romero se encuentra la caridad, que incluso "se extendía también a los perseguidores, a los que predicaba a la conversión al bien y guardaba perdón”. El Papa Francisco, en una carta dirigida al pueblo salvadoreño, comparó a Romero con la figura del personaje de Moisés, en la Biblia, que rescató al pueblo hebreo de la esclavitud y represión de los egipcios. “Igual que un día eligió a Moisés para que en si nombre guiara a su pueblo, sigue suscitando pastores según su orden y corazón para que apacienten con conciencia y prudencia a su rebaño”, escribió el Papa. El plural en “pastores” también fue retomado por Amato y Paglia, quienes destacaron el papel de los religiosos y religiosas perseguidos y asesinados. “Con la beatificación de monseñor Romero también hay un reconocimiento a todos aquellos religiosos y religiosas que fueron barbaremente asesinados. Todos ellos son un tesoro precioso de la fe de la iglesia de El Salvador”, dijo Vincenzo Paglia. En uno de los momentos más emotivos de la ceremonia, Paglia rememoró los dos episodios violentos que marcaron la muerte y los funerales del Arzobispo. Romero fue asesinado el 24 de marzo de 1980 mientras celebraba la eucaristía en la capilla del hospital de la Divina Providencia de San Salvador. Seis días más tarde, la misa de cuerpo presente celebrada en la catedral metropolitana, en el centro de San Salvador, fue interrumpida cuando francotiradores dispararon contra la multitudinaria concentración de personas reunidas en las afueras de Catedral. “Eran miles de personas las que habían llegado. De repente, desde arriba de unos edificios, empezaron a disparar los soldados. Y la gente empezó a correr y a correr y algunos murieron por los disparos, otros quedaron bajo la estampida de gente que corría. Yo me caí y una señora me levantó y por eso no me ahogué en ese mar de gente que iba huyendo, recuerda Raúl Hernández, testigo de aquel episodio y testigo de la beatificación de Romero. Quizá para feligreses como Raúl Hernández, Vincenzo Paglia, en el último de sus discursos, dijo que “con esta celebración, se concluye la misa del martirio y la misa de su funeral”. A la beatificación de monseñor Romero, además de los miles de salvadoreños, acudieron peregrinos de diferentes partes del mundo que incluso acamparon en los alrededores del templete desde el miércoles 20 de mayo. Desde Guatemala, un grupo de diez indígenas portaban pequeños carteles adornados con el rostro de monseñor Juan Gerardi que, al igual que Romero, fue asesinado el 26 de abril de 1998. Gerardi fue también un férreo defensor de los derechos humanos. A unos cuantos metros del grupo de guatemaltecos, un chileno ondeaba la bandera de su país visiblemente emocionado. Alejandro García dijo sentirse feliz de estar en El Salvador en una fecha “sin precedentes”, y relacionó al llamado “San Romero de América” como una figura que encarna la defensa de los débiles contra los opresores. “Cuando monseñor Romero murió nosotros también estábamos en una dictadura”, dijo García. Para cuando el evento terminó, al mediodía, decenas de peregrinos subían al templete para tomarse fotografías para el recuerdo. Entre estos había cinco mujeres miembros del Comité de Madres de Reos y Desaparecidos Políticos de El Salvador. “Está todo muy bonito, pero aprovechamos esta ocasión para decir que nosotros como Comité todavía buscamos a nuestros desaparecidos”, dijeron. Al igual que sus casos, el asesinato de monseñor Romero continúa en la impunidad.