Homilias

Monseñor Romero predicaba todos los domingos en la Misa de Catedral. Nos dejó un legado de casi 200 homilías dominicales. Afortunadamente Monseñor Romero estuvo con nosotros durante los tres ciclos litúrgicos en su acción pastoral como Arzobispo.

Ahora vamos a resumir lo principal de su enseñanza, lo que más trató de inculcar en nuestras mentes y nuestros corazones.

Fe en Dios

Desde el primer día hasta el último de su ministerio como Arzobispo, esto es lo principal que Monseñor trató de enseñarnos: la fe en Dios.

“Dios es el Dios de Jesucristo. El dios de los cristianos no tiene que ser otro, es el Dios de Jesucristo, el del que se identificó con los pobres, el del que dio su vida por los demás, el Dios que mandó a su Hijo Jesucristo a tomar una preferencia sin ambigüedades por los pobres. Sin despreciar a los otros, los llamó a todos al campo de los pobres para poderse hacer iguales a él. Nadie está condenado en vida; sólo aquel que rechaza el llamamiento del Cristo pobre y humilde y prefiera más las idolatrías de su riqueza y de su poder” (Homilía 27-05-1979).

Seguimiento de Jesús

Monseñor Romero nos enseñó que todo cristiano debe ser un verdadero seguidor de Jesús. Monseñor dijo en muchas ocasiones que “Jesús es el único y verdadero líder de la liberación”. Seguir a Jesús es tomar su cruz y hacer lo que él hizo, pero en nuestra situación actual.

“No hay más que un líder: Cristo Jesús. Jesús es la fuente de la esperanza. En Jesús se apoya lo que predico. En Jesús está la verdad de lo que estoy diciendo” (Homilía 28-08-1977).

Sentir con la Iglesia

Monseñor Romero dijo muy claramente que su primera y principal preocupación fue construir la Iglesia. Su lema como arzobispo fue una realidad que vivió intensamente.

Monseñor Romero quiso construir una Iglesia que no estuviese apoyada en los poderes de este mundo. Monseñor Romero soñó una Iglesia desligada de los poderosos y sin privilegios. Una Iglesia pobre, que se apoya únicamente en la cruz de Cristo. Monseñor decía que el prestigio de la Iglesia no es que tenga mucho poder, sino que los pobres se sientan en ella como en su propia casa.

“Ahora la Iglesia no se apoya en ningún poder, en ningún dinero. Hoy la Iglesia es pobre. Hoy la Iglesia sabe que los poderosos la rechazan, pero que la aman los que sienten en Dios su confianza… Esta es la Iglesia que yo quiero. Una Iglesia que no cuente con los privilegios y las valías de las cosas de la tierra. Una Iglesia cada vez más desligada de las cosas terrenas, humanas, para poderlas juzgar con mayor libertad desde su perspectiva del evangelio, desde su pobreza” (Homilía 28-08-1977).

Doctrina Social de la Iglesia

A Monseñor Romero le tocó predicar en un momento muy trágico de la historia de El Salvador. La injusticia social y el irrespeto a los derechos humanos estaban a la orden del día. Había mucha persecución y muerte. Y la amenaza de una guerra civil se cernía sobre la tierra de El Salvador. Monseñor no tenía un mensaje propio, lo que él predicaba y aplicaba a la realidad salvadoreña era la Palabra de Dios y las enseñanzas de la Iglesia. Dijo que nada le importaba tanto como la vida humana. Que ese es el valor supremo y todos debemos ser defensores de la vida.

“Este es el pensamiento fundamental de mi predicación: nada me importa tanto como la vida humana. Es algo tan serio y tan profundo, más que la violación de cualquier otro derecho humano, porque es vida de los hijos de Dios y porque esa sangre no hace sino negar el amor, despertar nuevos odios, hacer imposible la reconciliación y la paz. ¡Lo que más se necesita hoy aquí es un alto a la represión! ” (Homilía 16-03-1980).

Llamados a la conversión

Pero si algo se destacó en las homilías de Monseñor Romero no fue otra cosa que sus incontables llamados a la conversión. Él decía que si queremos salvarnos y salvar a la sociedad debemos organizar la conversión de los corazones y buscar el cambio de estructuras. Las dos cosas a la par. No una conversión personal sin cambios en la sociedad. Ni cambios en la vida política, social y económica del país, sin conversión profunda de los corazones.

“Una verdadera conversión cristiana hoy tiene que descubrir los mecanismos sociales que hace que del obrero o del campesino personas marginadas. ¿Por qué sólo hay ingreso para el pobre campesino en la temporada del café y del algodón y de la caña? ¿Por qué esta sociedad necesita tener campesinos sin trabajo, obreros mal pagados, gente sin salario justo? Estos mecanismos se deben descubrir, no como quien estudia sociología o economía, sino como cristianos, para no ser cómplices de esa maquinaria que está haciendo cada vez más gente pobre, marginados, indigentes” (Homilía 16-12-1979).

 

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