LA ASUNCIÓN DE MARÍA Y MONSEÑOR ROMERO

Mons. Ricardo Urioste

El día primero de noviembre de mil novecientos cincuenta, el Papa Pío XII, definió como verdad de fe La Asunción de la Santísima Virgen María al Cielo, en cuerpo y Alma. El escenario fue la Plaza de San Pedro, con presencia de 36 Cardenales, 555 Obispos, sacerdotes y un millón de fieles. Tuve la gracia de Dios de estar presente en esta celebración ya que estudiaba en Roma en ese tiempo. Para mi sorpresa, días después, recibí una carta de un padre Romero de San Miguel, a quien no tenía el gusto de conocer y quien me pedía en su carta enviarle un artículo sobre ese gran momento. Se lo envié. Sólo recuerdo que terminaba diciendo: “Y el obelisco de granito todavía canta con nosotros: Cristo vence, Cristo reina, Cristo impera”. Nunca supe si él lo recibió y lo publicó. Nunca tampoco se me ocurrió preguntarle si lo había recibido. La festividad de María asunta al cielo se celebra el 15 de agosto. María nació la cielo y Monseñor romero nacía a la tierra ese mismo día. Monseñor Delgado, en su biografía sobre Monseñor Romero nos revela la gran devoción de Monseñor a la Virgen María y los versos que le dedicaba. Él lo define como “amor místico”. (Jesús Delgado, Oscar A. Romero, página 28 y 29). Recordando la Asunción de María y el Aniversario del Nacimiento de Monseñor Romero que cumpliría 95 años, el 15 de agosto próximo, la Fundación Monseñor Romero conmemorará esas fechas con una eucaristía a las 5:00 pm en la Cripta de Catedral. Previamente varios jóvenes nos hablarán sobre Monseñor Romero y a las 2:30 pm presentaremos el documental “El Cielo Abierto” del cineasta mexicano Everardo González. El domingo 19 a las 6:00 am saldrán de Catedral varios buses en peregrinación a Ciudad Barrios. De este modo recordaremos la Asunción de María al Cielo y el nacimiento de Monseñor Romero a la tierra quien nos dejó dicho de su puño y letra en sus últimos ejercicios espirituales, un mes antes de morir: “El asistió a los mártires y si es necesario lo sentiré muy cerca al entregarle mi último suspiro. Pero que más valioso que el momento de morir es entregarle toda la viva y vivir para él” (Cuaderno de Ejercicios Espirituales, página 308, febrero 1980).

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