LAS LEYES NUEVAS

“Repicaron campanas de alboroto y bramaban leyéndolas. Unos se entristecían, temiendo su ejecución; otros renegaban, y todos maldecían a fray Bartolomé de las Casas, que las había procurado”. Así describía un cronista de la época la conmoción que causó entre los poderosos conquistadores y colonizadores, las “Leyes Nuevas” de noviembre de 1542, que aparte de otras cosas, decretaron la libertad de los indios, convirtiéndolos en vasallos libres, tributarios sólo del rey. El blanco de todos los ataques era el fraile que tanto luchó por los indígenas, el verdadero héroe español de la época de la conquista. Si ahora viviera sería también objeto de vilipendios y ataques, como Jesús, como Monseñor Romero, como Monseñor Rivera por su Debate Nacional,  como los sacerdotes que hicieron la independencia, que entonces fueron los perseguidos y encarcelados y ahora son los héroes nacionales, con toda razón. En escritos dirigidos al monarca en España los lastimados conquistadores y colonizadores le decían sobre fray Bartolomé de las Casas: “Un fraile no letrado, no santo, envidioso, vanaglorioso, apasionado, inquieto y no falto de codicia”. El ayuntamiento de Guatemala envió un emisario a la Corona y alegaban que quedarían en suma pobreza, si se llegaba a dar libertad a los esclavos. Ni fray Bartolomé de las Casas ni nuestros padres de la patria fueron nunca acusados de marxistas, simplemente porque el marxismo no existía todavía. Los próceres sí fueron acusados de “afrancesados” que era el estigma de la época. La historia da muchas lecciones y explica también la larga tradición de ciertas actitudes que llegan hasta nuestros días en nuestro mismo país. Aquí lo bueno se convierte en malo y lo malo en bueno. Un día Jesús preguntó: “Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla. Pero ellos callaban” (Mc 3, 4). No contestan a lo que Jesús les pregunta. Se quedan callados. Pero el evangelio continúa: “En cuanto salieron los fariseos, se confabularon con los herodianos contra Jesús para ver cómo le eliminaban” (Mc 3 ,6). La historia se sigue repitiendo.-  

Mons. Ricardo Urioste

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