Las organizaciones populares

Esta misma Iglesia, que defiende el derecho de organización y apoya a todo lo justo de sus reivindicaciones, no puede estar de acuerdo con las violencias desproporcionadas de las fuerzas de la organización ni con sus estrategias de destrucción y de crueldad, que las hacen igualmente represivas que sus fuerzas antagónicas, ni con una ideología cuando ellas atentan contra la fe y los sentimientos de nuestro pueblo. Y, en cambio, espera de ustedes, los organizados, que sean fuerzas racionales de política para el bien común del pueblo. Hacer la revolución no es matar a uno que otro hombre, porque sólo Dios es dueño de la vida. Hacer la revolución no es hacer pintas en las paredes ni gritar desaforados en las calles. Hacer la revolución es reflexionar proyectos políticos que estructuren mejor un pueblo justo y de hermanos (Homilía 27 de enero de 1980, Ciclo C).

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