NAVIDAD ES ACERCARSE AL OTRO

urioste

Siempre me ha hecho una muy grande impresión el texto de Filipenses 2, 5-8 “Cristo se despojó de su rango”. La traducción literal parece ser: “Se vació de sí mismo”. No es de la naturaleza divina de la cual se vacía, sino del prestigio que normalmente le hubiera dado, como ocurre en la Transfiguración. Jesús no busca oropeles ni aparecer, ni ser visto y considerado.

La encarnación fue un abajarse a sí mismo para acercarse al hombre. Dios no quiso nunca dar espectáculos. Siempre buscó los medios más insignificantes con una sola intensión: acercarse al hombre. Tener la oportunidad de estar cerca de Pedro, que es un pescador más, en Tiberíades. De la samaritana que ha tenido cinco maridos y el que tiene ahora no es su marido. Una mujer del pueblo, con todas sus virtudes y todos sus pecados. Nada de eso le asusta a Jesús. Sólo quiere estar cerca. También de Zaqueo, con todo lo corrupto que era y de la mujer adúltera con todo el escándalo que provoca.

Y quiere también estar cerca de los cinco mil hombres, sin contar las mujeres y niños, de quienes siente “compasión”. No le importa si ahí hay quienes se aprovechen, si hay zelotas entre ellos, fariseos o publicanos. Sólo quiere estar cerca de todos.

¡Qué inspiración para nosotros! Desprendernos de nuestro rango, cualquiera que sea, para acercarnos a todos. Tirar las poses y posturas y los deseos de aparecer y ser vistos. Todo esto es lo que la encarnación pide. La Iglesia no es más que continuación de la encarnación. Acercamiento. Abajamiento. Kénosis. Vaciarse de uno mismo para que sólo Dios aparezca. Alejarse de los demás es ocultar el verdadero rostro del Señor y mostrar sólo nuestro rostro.

Así dice el texto de Filipenses: “Cristo a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios, al contrario, se anonadó a sí mismo, y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte y una muerte de cruz” (Flp 2, 6-9). Los otros tendrán una feliz navidad, si te acercas a ellos siempre.-

 

Mons. Ricardo Urioste

 

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