NO DEBIERON MORIR

Uno se nutre en ocasiones, de fantasías y, en los últimos días, he abrigado la ficción de que algunas gentes no debieron morir nunca. Sé que pensamientos triviales de esta naturaleza no van de acuerdo con mi fe, ni con la constatación cotidiana y por eso son totalmente absurdos. Statum est hominibus semel mori, post hoc autem iudicium decimos en latín de la Vulgata, y en castellano: “Está establecido que los hombres mueran una sola vez y después de esto, el juicio”; como dice San Pablo en Hebreos 9, 27. Esto dice la fe y la experiencia lo manifiesta, desde siempre, irrebatiblemente. Sin embargo, mi ficción y, sin duda, mi simpatía y admiración por ellos me ha hecho imaginar qué efectos habría en el mundo si algunos hombres y mujeres no fueran tocados por la muerte y pudieran ser los grandes altavoces de la humanidad, perpetuadores de un testimonio perenne, guías y orientadores en las presentes generaciones, y en las venideras. Pensé en Juana de Arco, entre las mujeres; en la Madre de los Macabeos, en Judith, la de Holofernes, en muchas otras, y especialmente en María, la Madre de Dios y Madre nuestra. ¿Cómo sería el mundo con ellas entre nosotros? En Francisco de Asís pensé entre los hombres y también en Ghandi y Martin Luther King. ¡Qué regalo para el mundo! ¿Y por qué no? Pensé también en Monseñor Romero. Pero el plan de Dios es el perfecto: “está establecido que todo hombre debe morir” y eso es lo perfecto. Porque cada persona tiene su desafío para su propio tiempo. Pensar en que algunos seres extraordinarios no deberían morir, sería admitir que Dios no puede suscitar en todos los tiempos quienes respondan plenamente a sus planes y a lo que el mundo necesita. Y por otra parte, ellas y ellos siguen vivos. Así nos lo dice la fe y es también el plan perfecto de Dios. Sólo de Judas dijo el Señor; “Más le valiera no haber nacido”, pero pensando en los que no debieron morir, tengo que acusarme que también he pensado en algunos, aquí en el país, de quienes he creído que “más les valiera no haber nacido”. Sería más pecado si me pusiera a decir sus nombres.-  

Mons. Ricardo Urioste

 

Una respuesta a “NO DEBIERON MORIR”

  1. Patricia dice:

    nos toca seguir cuidando la semila que ellos dejaron , hacerla vida en nuestra cotidianidad no dejarla morir , esperando ser aunque sea una minina parte de lo que fueron ellos especialmente aqui en El Salvador como Monseñor Romero ser la voz del más pequeño.
    Gracias Monseñor por compartir

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