“PADRE NUESTRO”: ¿UN ATREVIMIENTO?

Cada día cuando reactualizamos el sacrificio de Cristo en la cruz en cada Eucaristía, rezamos el Padre Nuestro antes de la comunión. Las palabras introductorias a esta oración de Jesús, no dejan de sorprender. ¿Por qué afirmamos: “Nos atrevemos a decir”? ¿Por qué es un atrevimiento decir: “Padre Nuestro”?

En el año 350, un presbítero de Jerusalén de nombre Cirilo, más tarde Obispo, daba en la Iglesia del santo sepulcro sus famosas “veinticuatro catequesis” durante Cuaresma y Pascua a los nuevos bautizados. En la última de sus catequesis, Cirilo explicaba la liturgia Eucarística y las oraciones correspondientes. Entre ellas el Padre Nuestro. Es el documento más antiguo del uso litúrgico de Padre Nuestro en la Eucaristía. Se rezaba antes de la Comunión, como lo hacemos ahora.

Y desde el principio -20 siglos- data la frase “nos atrevemos a decir”. En la liturgia oriental la frase usada era: “gozosos y sin temeridad nos atrevemos a invocarte” ¿Por qué la Iglesia  rodeó al Padre Nuestro de una veneración tan grande como para usar esa fórmula: “nos atrevemos a decir”?

Según los escrituristas la palabra “Padre” sólo es referida a Dios 14 veces en el Antiguo Testamento, y la palabra empleada no es la que usa Jesús en el arameo que él hablaba. Jesús emplea la palabra: “Abba”. Nunca se usa esa palabra para dirigirse a Dios. Jesús es el primero que la emplea. “Abba” significa “papito”. Un lenguaje de niño que confía totalmente en su Padre. Jesús emplea siempre esa palabra en todos los momentos. Sólo desde la cruz dice: “Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado”, pero como sabemos ahí está recitando el salmo 22.

Como el niño habla con su padre, así habla Cristo con Dios: llano, íntimo, infantil. El tenía el privilegio mesiánico de dirigirse a su Padre con una invocación infantil de total confianza. Él y sólo él. Pero al dar el “Padre Nuestro” a sus discípulos los hace participar en su posición de Hijo, autorizándoles para que hablen al Padre con tanta confianza como él.

La Iglesia no se siente con confianza ya como Jesús. Así podemos explicarnos por qué no fue tan fácil para la Iglesia rezar del mismo modo que Jesús el Padre Nuestro y por eso lo rodeó de ese temeroso y reverencial respeto. No se siente como Jesús con la relación al Padre y por eso juzga que es un atrevimiento llamarle “papito”. Por eso es que seguimos y seguiremos diciendo: “Nos atrevemos a decir”.

 

Mons. Ricardo Urioste

 

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